Alexitimia: Cuando No Sabes Ponerle Nombre a lo que Sientes
La alexitimia es una dificultad estable para identificar y describir lo que uno siente, con tendencia a pensar hacia fuera en lugar de hacia dentro. Peter Sifneos le puso el nombre en 1973 y Bagby, Parker y Taylor la midieron en 1994 con tres piezas separadas. No es un diagnóstico: no está en el DSM-5 ni en la CIE-11, es un rasgo dimensional que se reparte en toda la población (en torno al 13% en población general según Salminen y colaboradores, 1999, y más frecuente en hombres). No es ausencia de emoción: la emoción ocurre y se puede medir en el cuerpo — lo que falla es el acceso. Importa saberlo porque condiciona la terapia: predice peor resultado cuando se pide introspección de entrada (Ogrodniczuk, Piper y Joyce, 2011) y sí cambia cuando el tratamiento empieza por vocabulario y cuerpo (Cameron, Ogrodniczuk y Hadjipavlou, 2014).
«¿Qué te pasa?» — «Nada.» No es una evasiva. Hay gente para la que esa es la respuesta exacta: sabe que algo está ocurriendo por dentro, nota el nudo en el estómago o la mandíbula apretada, y cuando busca la palabra no encuentra ninguna. Se enteran de que una semana les ha afectado porque no duermen, no porque se sientan tristes.
Eso tiene nombre desde 1973: alexitimia. Lo acuñó el psiquiatra Peter Sifneos juntando tres palabras griegas — a (sin), lexis (palabra), thymos (emoción): literalmente «sin palabras para la emoción». Bagby, Parker y Taylor la convirtieron en 1994 en algo medible y la separaron en tres piezas que no van siempre juntas: cuesta identificar lo que se siente, cuesta describirlo, y el pensamiento tira hacia los hechos externos antes que hacia dentro.
Lo primero que hay que decir, porque evita un susto: la alexitimia no es un diagnóstico. No figura como trastorno en el DSM-5 ni en la CIE-11. Es un rasgo dimensional — se tiene más o menos, como la timidez — y está repartido por toda la población: Salminen y colaboradores (1999) encontraron en torno al 13% en población general, bastante más en hombres. Que no sea un diagnóstico no quiere decir que no tenga consecuencias; quiere decir que no eres un caso raro.
Y lo segundo, que es la confusión más común: alexitimia no es no sentir. La emoción ocurre y se mide en el cuerpo. Preece y su equipo (2017) lo ordenaron bien con el modelo de atención y valoración: la respuesta emocional se dispara igual, lo que falla es dirigir la atención hacia ella y traducirla. Es un problema de acceso, no de inventario — y eso cambia por completo qué hay que hacer en terapia.
Conviene no mezclarla con lo que tiene al lado. Si lo que te pasa es que no te acercas —convivís bien y habláis poco, la conexión se ha apagado—, eso es distanciamiento emocional y se mira desde otro sitio. Aquí hablamos del paso anterior: no identificar qué se siente, estés cerca o lejos de alguien. Una es una distancia; la otra, la falta de un idioma.
Soy Claudia Montesino, psicóloga general sanitaria (COPC 32872). Atiendo online en toda España. Abajo te cuento cómo se reconoce, las cuatro cosas con las que se confunde, y por qué el tratamiento empieza por el cuerpo y el vocabulario, no por «¿y eso cómo te hace sentir?».
- Las tres piezas que la componen — y por qué puedes tener una sin las otras dos
- Cómo se distingue del embotamiento de una depresión, del apego evitativo y del autismo
- Qué se trabaja primero: sensación y vocabulario, no introspección
Cómo se reconoce
No se mide por lo callado que seas ni por cuánto hablas de tus cosas. Las señales se agrupan en las tres piezas que Bagby, Parker y Taylor (1994) separaron al construir su escala, y es útil verlas aparte porque el tratamiento entra por una distinta en cada caso.
1. Identificar: el cuerpo avisa, la palabra no llega
- Notas taquicardia, nudo en el estómago, mandíbula apretada — y no sabrías decir a qué emoción corresponde
- «¿Estás enfadado?» — «No sé. Supongo.» Y es sincero, no una forma de cortar la conversación
- Te enteras de que algo te afectó por el insomnio, el dolor de cabeza o el estómago, antes que por sentirte mal
- Confundes emociones con estados físicos: cansancio, hambre, «estoy destemplado»
- Las emociones aparecen de golpe y en bloque, sin los matices intermedios que avisan antes
2. Describir: la emoción está, el idioma no
- Cuentas la situación con mucho detalle y tu estado interno con una sola palabra
- «Bien», «mal» y «raro» te cubren casi cualquier cosa que pase por dentro
- En una discusión te quedas sin respuesta, y media hora después aparece lo que querías decir
- Escuchar lo de los demás te sale mucho mejor que contar lo tuyo — y no es timidez, lo tuyo no tiene texto
- Te alivia que alguien te ponga la palabra encima («entonces estabas dolido») más de lo que lo haría una pregunta
3. Pensamiento hacia fuera
- Las conversaciones sobre sentimientos te parecen poco útiles, o directamente incómodas
- Recuerdas bien lo que hiciste y lo que pasó; cómo lo viviste, apenas
- Poca vida imaginativa: sueños escasos o muy literales, poca fantasía — lo que Marty y de M'Uzan (1963) llamaron pensamiento operatorio
- Tiendes a resolver antes que a sentir, también contigo mismo/a: si hay un problema, se arregla
- Te pasa igual con lo agradable: tampoco sabrías nombrar la alegría. Esta señal es la que más orienta
Lo que hay que distinguir antes de tratar
Cinco cuadros que por fuera producen el mismo silencio y piden cosas distintas. La diferencia no es académica: si lo que hay debajo es un episodio depresivo, tratar el episodio devuelve las palabras solo.
1. Alexitimia (el rasgo)
Lleva ahí desde siempre y no va y viene: está igual en una buena temporada que en una mala. Afecta también a las emociones agradables. No es selectiva: pasa con la pareja, con los amigos y a solas.
2. Embotamiento de una depresión
Aquí hay un antes, y eso lo cambia todo. Honkalampi y su equipo (2000) siguieron a pacientes deprimidos y vieron que las puntuaciones de alexitimia bajaban cuando el episodio remitía: lo que parecía un rasgo era el episodio. La pista fiable es que hay más señales además del silencio — sueño, apetito, energía, nada apetece. Mira depresión.
3. Apego evitativo
Esto es una estrategia, no un déficit: sabes lo que sientes, y has aprendido que mostrarlo no sale a cuenta. Se nota porque es selectiva — aparece justo cuando una relación se pone seria y desaparece con gente que no te importa tanto. Lo explico en apego evitativo, dentro de los estilos de apego.
4. Autismo y TDAH
Es la asociación mejor documentada y la peor entendida. Kinnaird, Stewart y Tchanturia (2019) revisaron la literatura y encontraron alexitimia en alrededor de la mitad de los adultos autistas, muy por encima de la población general. Y Bird y Cook (2013) dieron la vuelta a la lectura habitual: buena parte de las dificultades emocionales que se atribuían al autismo correlacionan con la alexitimia, no con el autismo en sí. Son dos cosas que coinciden mucho, no la misma. Contexto en qué es ser neurodivergente.
5. Desconexión defensiva tras algo duro
Después de algo muy difícil, dejar de sentir es una forma de aguantar. Se distingue porque tiene fecha y porque suele traer compañía: sensación de irrealidad, mirar tu propia vida desde fuera, lagunas. Eso se trabaja por otra puerta: trauma.
¿Alexitimia o simplemente reservado/a?
Cuatro preguntas que no van sobre cuánto hablas, sino sobre si la palabra está disponible cuando la buscas.
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¿Por qué aparece, y por qué no se va sola?
Se descubrió en una consulta de medicina, no de psicología
Antes del nombre estaba la observación. Marty y de M'Uzan (1963) describieron en pacientes con enfermedades físicas un modo de pensar pegado a los hechos, sin vida imaginativa, al que llamaron pensamiento operatorio. Nemiah y Sifneos (1970) lo encontraron sistemáticamente en pacientes psicosomáticos, y Sifneos (1973) le puso el nombre. Eso explica una cosa práctica: durante décadas la alexitimia se buscó donde el cuerpo se queja, no donde la persona dice que está triste.
No se aprende a nombrar lo que nadie nombró
Lane y Schwartz (1987) propusieron que la conciencia emocional se desarrolla por niveles, como una capacidad cognitiva más: primero sensaciones corporales, luego acciones, luego emociones simples, y al final estados mezclados y matizados. Un entorno que no pone palabras a lo que pasa no da ese vocabulario — no por maldad, normalmente porque tampoco lo tenía. Esto no es buscar culpables en la familia: es la razón de que sea aprendible ahora.
Hay una parte heredada, y es modesta
Jørgensen y colaboradores (2007) midieron alexitimia en una muestra de gemelos daneses y estimaron una heredabilidad en torno al 30%. Es un dato útil en las dos direcciones: hay algo de temperamento con el que uno llega, y queda un 70% largo que es historia y aprendizaje. Nadie está condenado por genética a no saber lo que siente.
El rasgo y el estado se confunden todo el tiempo
Parte de lo que mide un cuestionario de alexitimia en un momento dado es ansiedad o depresión actuales. El trabajo de Honkalampi (2000) lo dejó claro: puntuaciones que bajan al remitir el episodio. Consecuencia clínica directa: no se etiqueta a nadie de alexitímico en plena crisis. Primero se trata lo agudo y luego se mira qué queda.
No es falta de emoción: es falta de acceso
El modelo de atención y valoración de Preece y su equipo (2017) separa dos fallos distintos: no atender a la respuesta emocional que ya está ocurriendo, y no saber valorarla ni traducirla a palabras. Importa porque señala la puerta de entrada: si la emoción ya está en el cuerpo, se empieza por el cuerpo. Insistir en «mira hacia dentro y cuéntame» pide justo lo que está roto.
Con qué se trabaja
Herramientas con respaldo publicado, y una cosa que conviene no hacer. El criterio que las ordena es el de Preece (2017): si la emoción ya está en el cuerpo, se entra por ahí.
Registro de sensación antes que de emoción
El diario emocional clásico pide la palabra que precisamente no hay. La versión que funciona invierte el orden: primero dónde lo notas y qué pasaba, y la etiqueta se busca después, entre dos, y sin obligación de acertar a la primera.
Vocabulario emocional explícito (granularidad)
Barrett y colaboradores (2001) describieron la granularidad emocional: la diferencia entre decir «mal» y decir «dolido, y algo avergonzado». Kashdan, Barrett y McKnight (2015) revisaron la evidencia de que quien distingue con más grano regula mejor. Lo relevante es que es una habilidad entrenable, no un don.
Mindfulness centrado en el cuerpo (interocepción)
Norman y su equipo (2019) revisaron sistemáticamente las intervenciones basadas en mindfulness y encontraron reducciones en las puntuaciones de alexitimia. Tiene sentido con el modelo: entrena justo la pieza de atender a lo que el cuerpo ya está haciendo.
Terapia que no exige introspección de entrada
Ogrodniczuk, Piper y Joyce (2011) revisaron el efecto de la alexitimia sobre el proceso terapéutico y encontraron peores resultados en terapias que piden explorar el mundo interno desde la primera sesión. No es un argumento contra esas terapias: es un argumento sobre el orden. Primero concreto y estructurado; la exploración, cuando ya hay idioma.
Escritura, con un matiz honesto
Escribir sobre lo que pasa ayuda a muchas personas a encontrar la palabra que en voz alta no aparece — y es una de las razones por las que el formato online va bien aquí. Dicho con rigor: la evidencia específica de la escritura expresiva en alexitimia es desigual, así que se usa como herramienta útil, no como tratamiento con respaldo propio.
Que otro preste las palabras
Parte del trabajo consiste en que alguien ofrezca candidatas («¿esto podría ser vergüenza?») y la persona confirme o descarte. Reconocer es mucho más fácil que producir, y por ahí se empieza. En pareja se hace igual, con una condición: ofrecer, no decidir por el otro.
Lo que NO se hace: repetir «¿y eso cómo te hace sentir?»
Es la pregunta más común y la menos útil aquí. Pide la operación exacta que está fallando, y repetirla solo añade la sensación de estar haciéndolo mal. Si llevas años oyéndola en consultas o en casa, el problema no era tu falta de ganas.
Test de autoevaluación
Puntos clave
- Las tres piezas que la componen — y por qué puedes tener una sin las otras dos
- Cómo se distingue del embotamiento de una depresión, del apego evitativo y del autismo
- Qué se trabaja primero: sensación y vocabulario, no introspección
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Preguntas frecuentes
¿Qué es exactamente la alexitimia?
Es una dificultad estable para identificar y describir las propias emociones, acompañada de una tendencia a pensar en términos de hechos externos más que de estados internos. El término lo acuñó Peter Sifneos en 1973 a partir del griego: «sin palabras para la emoción». Bagby, Parker y Taylor la hicieron medible en 1994 y la separaron en tres piezas —identificar, describir y pensamiento orientado al exterior— que pueden darse en distinto grado.
¿La alexitimia es una enfermedad o un diagnóstico?
No. No figura como trastorno en el DSM-5 ni en la CIE-11. Es un rasgo dimensional: se tiene en mayor o menor grado, como la timidez, y está repartido en toda la población — Salminen y colaboradores (1999) estimaron en torno al 13% en población general, con más frecuencia en hombres. Eso no la hace irrelevante: condiciona cómo va la terapia y cómo se vive una relación. Pero nadie te va a dar un parte con esa palabra.
¿No sentir nada y no saber qué siento son lo mismo?
No, y la diferencia es la buena noticia. En alexitimia la respuesta emocional ocurre y se puede registrar en el cuerpo; lo que falla es atender a ella y traducirla. El modelo de atención y valoración de Preece y su equipo (2017) lo separa así explícitamente. No hay que fabricar emociones que no existen: hay que llegar a las que ya están pasando.
¿En qué se diferencia del distanciamiento emocional?
En qué paso falla. El distanciamiento emocional es no acercarse: la conexión con alguien se apaga, y debajo puede haber cansancio, resentimiento, una depresión o una estrategia aprendida. La alexitimia es no identificar qué se siente, y pasa igual estando cerca o lejos de cualquiera. Una se nota en la relación; la otra, a solas también. Pueden ir juntas, y entonces el orden es: primero el idioma, luego la distancia.
¿Tiene que ver con el autismo o con el TDAH?
Coinciden mucho, pero no son lo mismo. Kinnaird, Stewart y Tchanturia (2019) revisaron la literatura y encontraron alexitimia en alrededor de la mitad de los adultos autistas. Y Bird y Cook (2013) argumentaron algo importante: varias de las dificultades emocionales que se atribuían al autismo correlacionan en realidad con la alexitimia, no con el autismo. Hay alexitimia sin autismo y autismo sin alexitimia. En TDAH también aparece, con menos estudios. Contexto en qué es ser neurodivergente.
¿Se puede cambiar o es para siempre?
Se mueve. Cameron, Ogrodniczuk y Hadjipavlou (2014) revisaron los estudios de intervención y concluyeron que las puntuaciones bajan con tratamiento psicológico. Y hay una parte que nunca fue rasgo: Honkalampi y su equipo (2000) vieron que en pacientes deprimidos las puntuaciones descendían al remitir el episodio. Realismo, eso sí: el objetivo no es convertirte en alguien expresivo, es que «no lo sé» pase a ser «dame un momento».
¿Existe un test de alexitimia fiable?
El instrumento de referencia es la escala de 20 ítems de Bagby, Parker y Taylor (1994), con adaptación al español de Martínez-Sánchez (1996); Preece y su equipo publicaron en 2018 una alternativa más reciente. Con dos advertencias: un cuestionario da una puntuación, no un diagnóstico —no lo hay—, y responderlo en plena crisis infla el resultado. Los tests que circulan por internet no son ninguno de estos.
¿Mi pareja tiene alexitimia o simplemente no quiere hablar conmigo?
Hay tres preguntas que separan bastante bien. ¿Le pasa también con las emociones agradables, o solo con las incómodas? ¿Le pasa con todo el mundo, o solo contigo? ¿Hubo una época en que no era así? Si es general, de siempre y también con lo agradable, apunta a alexitimia. Si es selectivo contigo y empezó en algún momento, apunta a otra cosa — y esa otra cosa también se trabaja, pero por otra puerta.
¿Sirve la terapia online para esto?
Sirve, y aquí tiene una ventaja concreta. Carlbring y colaboradores (2018) publicaron un metaanálisis que no encontró diferencias de eficacia entre terapia cognitivo-conductual por internet y presencial para los problemas estudiados. Y en alexitimia el formato ayuda por un motivo propio: escribir da tiempo a buscar la palabra, algo que cara a cara, con alguien esperando, casi nunca hay. Atiendo online en toda España.